Una de las instituciones que, a través del tiempo, apoyó el desarrollo del teatro local, fue el Instituto Chileno Norteamericano. Su estrategia consistió en impulsar diversas acciones ligadas a teatro, las cuales se desarrollaron casi por treinta años. Si bien su incentivo al teatro fue constante, las acciones fueron diversas en el tiempo, manteniendo una compañía intermitente, mientras, paralelamente, se dictaban charlas sobre arte dramático (entre las que destacan las de Sergio Vodanovic en 1957 y las de Gabriela Roepke en 1965 y 1966), talleres de formación actoral en el cual se preparaban los miembros de la compañía y la programación de una pequeña sala de teatro, dentro de su edificio ubicado en Esmeralda N° 1069.

Es en el año 1954 cuando se registra por primera vez el intento de crear una compañía del Instituto, bajo la dirección de Margaritha Flemming y Mario Ferreyra, quienes posteriormente siguen con su propia agrupación.

Originalmente, el Chileno Norteamericano aspiraba a mantener un grupo teatral bilingüe, primando finalmente obras habladas solamente en castellano. Finalmente, la compañía se concreta bajo el nombre de Club de Teatro en 1962, asociada a cursos de formación actoral. La labor la desarrollaba Elsa Croxatto, quien asumió luego de haber abandonado el mismo cargo en la compañía IPA. Desde esa fecha hasta 1964 se realizaron actividades permanentes, momento en que al partir Croxatto becada a Madrid, se perdió nuevamente la continuidad.

Durante los años 1964 a 1975 dirigieron esporádicamente la compañía distintos artistas, destacando Sergio González, con el grupo infantil Los Grillos Sordos entre los años 1965 a 1969; Martín Rodríguez, quien condujo una Academia Teatral perteneciente al Instituto con la cual realizó pequeños montajes entre 1970 y 1972 y Miguel Ángel Herrera quien realizó actividades durante 1973 y 1974. En 1976, tras su regreso al país, retomó su trabajo de dirección Elsa Croxatto, realizándolo hasta 1978, última fecha en la que el Instituto tuvo una compañía teatral.

A pesar de no seguir adelante con el trabajo de creación artística, esta entidad binacional siguió contribuyendo al desarrollo dramático al amparar en su sala, por decisión de Guy Burton (Director del periodo), a compañías teatrales emergentes que no contaban con apoyo alguno durante la dictadura militar, como lo fue el caso del Farol desde el año 1978.